jueves, 12 de mayo de 2011

Ethras Fallen

Siempre nos sorprende la vida con extraños cambios y posibilidades que en ocasiones no acertamos ni a imaginar. Como puedo decir que me pasó a mí. Miro hacia atrás y quedo absorto con todo lo que llevo vivido sobre mis espaldas. Y todavía se sobrecoge más mi corazón cuando pienso en lo que está por llegar.

Esta historia, mi historia comienza en Ilmora, templo del saber y del conocimiento en la tierra. Realmente está bendecida, y tuve la fortuna de nacer en aquella zona bendecida. Concretamente, en Eustace.

Podría decirse que ya estaba marcado. Rodeado de libros y enigmas por resolver, siempre había una incógnita que quedaba sin respuesta. En escuchar estaba la clave para aprender, en el estudio la clave para entender. Quiero escudarme en la niñez y en la inexperiencia el no haberme dedicado desde mis inicios al estudio. No podía entender, comprender, la magnificencia de todo lo que nos rodeaba

Dedicado a los juegos, ignoraba el saber oculto que nos esperaba a todos en los templos del saber. Algo desenfrenado y travieso, quedaba gran tiempo recluido y castigado. Fue así como descubrí las matemáticas, y solo era el principio

Provisto de un fuerte carácter que todavía me marca, al conocer otros campos del saber los despreciaba como inútiles. Cuando al que me dedicaba quedaba obsoleto para mí, podía entonces comprender lo importante que eran los demás. Ensayo y error, así se manifestaba mi hambre de conocimiento.

Mis padres tomaron esta nueva noticia con algo de alegría y a la vez temor. Podría decirse que era el temor a perder a un hijo, que pronto volara para buscar las metas a buscar en la propia vida. Me aventuro demasiado, ya que ni siquiera ahora podría afirmar que así es. Y con el paso del tiempo y las inclemencias de los viajes, se perdió la oportunidad de hacerles la pregunta del porqué sentían temor. Aún así, pudieron dedicarse más de lleno a mi hermano, más tierno en edad y también en salud. No fue una desgracia cuando marché al Trivium

Nada que ver con lo que se tenía en mente, o quizás lo que algunos tenían como concepto de Scionis. La rivalidad era el modo de vida, y el compañerismo existía pocas veces, en el caso de que pudiera conseguirse algo. Pero a pesar de todo eso, existía un respeto casi reverencial entre todos. Ante todo, pertenecíamos al mismo mundo. En el futuro se vería quien permanecería con sus facultades intactas, presa o no de la locura o de un enemigo más fuerte.

Numerosas pruebas que nos dejaban agotados, desfallecíamos para caer en terribles sueños rememorando lo vivido. Angustia y temor, vivían los más dedicados

El camino a seguir me llevaría a cruzar gran parte del Imperio. Las vistas eran excelsas, y ojalá pudiera serlo también la compañía. Enfrentamientos siempre ocurren, y en algunos momentos se sale más malparados que en otros. Algunas cicatrices que recorren mi cuerpo son debidas a malos momentos y reencuentros con compañeros no tan añorados

Recuerdo una noche en la que me creía perdido en el bosque. La oscuridad era total, apenas podía ver nada. Pero sí escuchar. Pronto, comencé a escuchar pasos y otros sonidos. Mi corazón se inquietaba. Mis poderes estaban mermados, debido al cansancio y otros usos. Eso me llenaba de temor: me sentía inferior, indefenso ante aquello. Lo que parecía una multitud me rodeaba, y comenzaron a aparecer frente a mí. No podía verles los ojos.

Imágenes comenzaron a pasar por mi mente: recuerdos que me atosigaron durante la infancia. La soledad, la oscuridad. Y también durante mi juventud, mientras aprendía: la inferioridad, la incapacidad para seguir adelante, no poder avanzar

Actúe más por miedo que por otro impulso. Sin ningún plan, ningún tipo de estrategia. Según los conjuros llegaban a mi memoria, así los usaba de la mejor manera. A diestro y siniestro. Sin siquiera asegurarme de que acertara. Antes de desfallecer, comprobé de que aquellas sombras sin ojos se alejaban, dejándome tranquilo

La vergüenza me venció al despertar. Ya no quise que se repitiera aquella escena. Buscaba enfrentamientos para mejorar, necesitaba planificar, prever en un enfrentamiento como los que tuve. Mi tiempo de estudio aumentó a cada día, no podía fallar de nuevo como aquella vez. Y si dijera que avancé a fuerza de voluntad, mentiría como un bellaco

Muchas veces me venció el miedo y tuve que alejarme de él. Fui derrotado por rivales más fuertes, y no podía sino aprender de ellos. De mis errores y de su astucia

De ese modo, llegué casi sin dar cuenta de ello a Kanon. Me había retrasado mucho, fue entonces cuando me percaté. Había realizado muchas paradas, que no contaba con ellas, pero igualmente no podía arrepentirme de ello. Me había vuelto más sabio, pero podía mejorar de infinita manera. Del pasado apenas quedaban ya sombras y efímeros recuerdos, y cuando mirabas hacia atrás, quedaba un leve rastro de dolor

Había que continuar adelante, solo que no podía saber que dirigirán mi camino. Llamaron a mi puerta unos extraños hombres que apenas me dieron información de sus intenciones. Les seguí más por curiosidad que por otros motivos. De quererme mal, ya habrían dado rienda suelta a sus intenciones, y yo creía estar preparado

Pero lo que querían me dejó sorprendido. Su ofrecimiento, o más bien, anuncio, era mi reclutamiento en el Clan del Temple. No tenía intención de que pasara aquello, ni siquiera lo había considerado como una posibilidad, y mi silencio fue tomado como un consentimiento. Realmente, no tenía nada que decir. En mi fuero interno, quería estar allí. Conocer y saber, aprender y avanzar. La soledad impuesta era un camino doloroso, y parecía que llegaba por fin el cambio

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