domingo, 5 de febrero de 2017

Ejercicio 1 - Amanecer

Volvían después del largo viaje. Todos ellos, agotados después de haber luchado contra una opresión que creían imposible de vencer, por fin sentían que podían descansar.

El ascenso de vuelta a la superficie, después de largas horas entre oscuros corredores donde el óxido y el metal eran únicos compañeros, casi parecía peor que todo el combate por la libertad.

Los pocos que quedaban abajo eran ayudados por los que acababan de subir, sintiendo en sus pies desnudos sobre la tierra húmeda y la hierba fresca. Los demás, se habían sentado o bien dejado caer para mirar al cielo abierto, libre de nubes.

Y cuando todavía vivía el silencio entre ellos, por fin juntos de nuevo, algo cambiaba. La oscuridad casi permanente que habían vivido comenzaba a quebrarse, rápida y lentamente a la misma vez. Todos miraron al mismo punto en el que aparecía un nuevo amanecer. La estrella les daba la bienvenida de nuevo a la vida, a la libertad, a la esperanza.

Y también a la calma, pues comenzaba a alzarse dejando un cielo cada vez más claro, más azul. Inspirador de tanta paz que casi podía acariciar sus almas. El frío que sacudía entonces sus cuerpos también purificaba, haciéndoles estremecer. Si podían sentir aquello, sus corazones también podrían ser sanados.

Por fin habían vuelto a su hogar, aquel que nunca habían abandonado pero sí les había sido arrebatado.

domingo, 3 de abril de 2016

SR #02

Habían pasado casi dos meses. Casi dos meses desde que volvieran. Y las últimas palabras que había escuchado de su pasado resonaban en su cabeza, tras haber cometido un último desliz.

La prisión en la que estaban se volvía asfixiante. Había momentos en los que sentía que podía huir a través de un libro. Pero incluso entonces, cuando se sentía segura, comenzaba a preocuparle lo rápido que podían agotarse los títulos por leer.
Todo era cuestión de mentalizarse. No podía seguir ejerciendo esa resistencia.

A su nueva vida, a la misión que la ocuparía por completo, a que sus compañeros eran en los que debía confiar su vida y también creer que no cometerían los mismos errores que ella.

Pero esa renuncia a creer en alguna suerte de futuro para ella y los que eran sus compañeros de prisión, significaría la pérdida de sí misma. Mientras escribía pensamientos aparentemente inconexos que guardaba a buen recaudo, un brote de esperanza en su interior.

Mientras luchara, viviría.
Mientras se resistiera, seguiría encontrando un motivo para respirar.

Haría de toda su debilidad un motivo para vivir.

jueves, 14 de enero de 2016

SR #01

Todo su cuerpo seguía vibrando por los continuos golpes que no recordaba haber dejar escapar sobre la pared. Ese regreso a la tranquilad a demasiada velocidad sólo permitió tener el tiempo suficiente para apoyar las manos en la misma y evitar caer de alguna forma.

En su garganta todavía estaba ahogandose un grito, o quizás un gemido de dolor por todo lo que había hecho, mientras giraba la cabeza y contemplar lo que había dejado atrás. Sun hacía por incorporarse, observando, y Noah a su misma espalda, aguardando a los resultados de su conjuro.

Como pilares ante un terremoto, sintió que tanto en ella se derrumbaban que empezó a sentir vértigo. Su ira había logrado, además de demostrarle que sí era el monstruo que habitaba en su interior, dañar a otros. Retiró la mirada, volviendo a su posición original, intentando contener el llanto desesperado por no poder refugiarse más en esa furia. Sentía que la necesitaba tanto como la despreciaba, a esa voz que la llamaba a destruir.

La certeza de que no sobreviviría demasiado tiempo, no junto a ellos, se hacía más fuerte. Y el temor a hacerles daño, a pesar del afecto que empezaba a nacer, era como una noche eterna, en la que no podía despertar.

martes, 24 de marzo de 2015

J-24

Oscurecía sin que apenas pudiese percibir la llegada de esa noche. Demasiado deprisa, de forma demasiado intensa. Solo pude detenerme en el camino, observando aquella extraña muerte de la luz de un día que no sabía cuando volvería a surgir. No había apartado la vista de esa puesta de sol hacía ya tiempo que culminaba, cuando escuché tranquilos pasos que se aproximaban.

Sabía que allí estaba, no había abandonado el camino desde que lo iniciásemos. Diferentes ritmos, diferentes paradas y descansos, diferentes recuerdos de unos parajes. Pero al final siempre caminando. Y ese tiempo compartiendo una senda, en mitad de aquella oscuridad, no podía dejar de reconocer sus pasos. Seguían, avanzaban, pero despacio. Solo volvieron a la normalidad cuando sentía que podía seguirle, que podía continuar.
Contagiándome sin evitarlo o intentarlo siquiera de un sueño más grande que nuestro mundo, más grande que nosotros. Lleno de una esperanza que no creía poder sentir.
Gracias a esa esperanza todavía continúo soñando.

Una sonrisa que parece que siempre le acompaña y unas palabras que no sé si recordará.
"Quiero cambiar el mundo"

viernes, 15 de noviembre de 2013

Cansada de luchar contra algo que parece escrito.
De no ver llegar la tormenta. De no ver una nube que me indique el peligro. De mostrar sin ser que me vendo los ojos para no verlo.
La duda y la sorpresa más que cualquier otro sentimiento.
Cansada de luchar en contra, solo quiero luchar por ello.

martes, 19 de febrero de 2013

Madre

La muerte es un final apacible, un mar tranquilo en el que terminar la travesía. La vida, en cambio, es una corriente, un río, rápido y fugaz. De curso inevitable, junto con todas las incertezas e infortunios que se suceden. Y no queda otra que seguir el curso en solitario. Rara vez encuentras a alguien que decida, que esté dispuesto a seguirte. No seguir, acompañar. Caminar a la misma altura, a la vez.

Se siente así la satisfacción, el sentimiento de sentirse completo. ¿Cómo abandonar esa plenitud? Abandonar a alguien en el camino es condenarlo a la peor de las soledades, un infierno en vida. Por eso, la envié a ese tranquilo final en el que descansaría hasta mi llegada. No tardaría demasiado en acompañarla.

Pero sigo aquí, aguardando a que llegue mi final. Con el tormenta de haberla abandonado. Sintiendo esa soledad que le quise evitar. Por eso llegué a este lugar. Una casa en la que deja de ser algo tan terrible, en la que se puede afrontar la realidad. La terrible realidad de lo que le hice a mi niña, la voz que daba sentido a mi mundo.

Compensando así las palabras que no encontré al querer explicar lo que movía a Madre, en "Prohibido suicidarse en primavera"

jueves, 14 de febrero de 2013

5002


He vuelto a tener pesadillas esta noche. Sudor frío y lágrimas vivas cayendo por mi rostro. Comienza a ser rutina en las largas noches de insomnio. Y hace frío, como el primer día en el que llegué, y me hace recordar. Recordar el miedo, el leve temblor que tenía en mi interior, y amenazaba con ser creciente. Y a la vez, una esperanza
Aquel blanco de la nieve que caía que parecía ser atemporal, era como una hoja en blanco, sobre la que comenzar a escribir sin ningún lastre del pasado. Una nueva vida. Mis nuevos amigos así lo permitieron, a pesar de lo increíble de la situación. Como si lo estuvieran esperando, como si no tuvieran otro objetivo.
Habían entrado en un túnel, oscuro y profundo, en el que con apenas unos pasos, perdías la luz que daba a la salida. Me encontraron, y aguardaron en silencio hasta el momento en el que estuviera preparada para salir. Tomaron mis manos y continuaron caminando. Tropezando, aprendiendo, hasta encontrar de nuevo el camino que nos llevaría hacia la luz
Y resultó ser una luz que bañaba toda la ciudad, y se reflejaba en cada copo de nieve que veían nuestros ojos. Aquello era un descanso para el alma.
Cielos nublados, constantes lluvias, y el silencio del ático. Alejados del ruido urbano que en ocasiones nos gusta visitar. Tiempo para pensar, para malgastar, para comenzar la huida, la evasión de la realidad en libros y libros. Sin control, a través de un viaje del que ni siquiera sé el destino
La aventura de vivir, de salir adelante cargando con lo vivido
Estamos en octubre de 2005, Hannover, Alemania
Hace frío


Anoche caí en el sueño mientras pensaba y escribía. Palabras tan inconexas que confundía cuando hacía una cosa u otra. Pasa demasiado a menudo últimamente. A veces ellos me miran algo aturdidos. Después, me cuentan que no es otra cosa sino que hablo sola en voz alta. Odio ese gesto que comienza a convertirse en costumbre
Camino a lo largo de los ventanales de lo que es nuestro acogedor hogar. Es la luz, debe tener algo que hechiza. Me ayuda a pensar, y a olvidar aquellos números en rojo que simbolizan los numerosos mensajes sin contestar en el buzón de voz. El teléfono es aquella caja extraña que contiene voces que no quiero escuchar. Ahora no, ni me siento preparada para ello. Están ligadas a demasiados recuerdos y emociones, hiriendo muy profundo sin saberlo siquiera. Sangraba cada día un poco más.


domingo, 30 de diciembre de 2012

Sospechas

Sostenía entre mis manos la autopsia que nos había cedido el amable doctor. Había perdido la cuenta de las veces que la leí, y todavía seguía sin aclararme por completo. McEller seguía a mi lado, fumando en su gastada pipa. De vez en cuando alzaba la vista, contemplando a los paseantes. Todos estaban bañados por la leve claridad del cielo encapotado. Todo un triste cuadro.
- Así que… ¿aquella bestia bebió su sangre? – pregunté mirando a un punto inexacto frente a mí.
- Eso piensa el buen doctor… – respondió mi amigo – Y ninguna bestia conocida, de tal tamaño y forma, tiene esa tendencia. Algo parecido piensan… Debo irme ahora, nos preparamos para marchar, dentro de un par de días. Intentaré despedirme antes de partir.
Asentí de un modo ausente, hundido en el recuerdo de lo vivido aquella noche. Sentí como McEller me estrechaba en un abrazo, y escuché sus palabras lejanas:
- Procura tener cuidado, amigo mío.
Correspondí su abrazo y le dejé marchar. Contemplé de nuevo la hoja en mis manos, sabiendo la inutilidad de escrutarla nuevamente. Serían los sucesos posteriores los que aclararían todo lo sucedido, pero no quería esperar un nuevo acontecimiento como aquel. Las pesadillas ya eran suficiente pago por todo aquello.
Vagando en esas reflexiones me hallaba, hasta que me obligué a volver a los adoquines de Londres, invadido por una incómoda sensación. Miré de un lado a otro como acto instintivo, y quise huir para dejar atrás esa sensación. Tuve entonces la idea de ser observado, ficticia o real. Caminé con premura, guardando el preciado documento en mi gabán, y buscando el camino hacia la casa de mi tío y protector.
Una vez en el interior, me lamenté por mi estupidez. La sensación de ser observado había durado todo el trayecto. Y ahora, fuera quien fuese mi perseguidor, conocía mi actual vivienda. Podía ser cualquier transeúnte, pero las posibilidades de que fuera alguien inofensivo quedaron al instante descartadas.
Alejé de mi mente los malos pensamientos y el sentimiento de culpabilidad, en aquellos momentos no me servirían de nada. Y como cúlmen de sucesos extraños, me dedicé con gusto a las labores de mis estudios para olvidar, con un afán nunca antes visto en una larga temporada.
"Debo de estar volviéndome loco…" pensé con pesadumbre.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Tirando de hilos


- Explícame a quién nos dirigimos a ver, te lo ruego, no me tengas en incertidumbre – pregunté al borde de la exasperación.
- No te alteres y ten paciencia, no tardaremos. Es un doctor en ciencias naturales, versado en las ramas de la medicina. – me aclaró McEller – Aportó información importante al caso en el que tuvimos la desgracia de ser testigos.
Caminábamos con premura por las calles tenuemente iluminadas por la claridad de un cielo nublado. Mi amigo el soldado llevaba por fin su uniforme, pues ya había escarmentado de lo peligroso de caminar sin aquella identificación a primera vista. Mi tío me había librado aquella mañana de mis tareas en la sala del tribunal, por una supuesta indisposición. Aproveché aquel tiempo libre para cumplir mi palabra y buscar por fin una respuesta clara. Habían pasado tan solo un par de días.
Llegamos a la consulta del tal doctor, y nos recibió su ama de llaves. Nos guío hacia un estudio realmente amplio, aunque atestado de libros y documentos por doquier. Tanta vastedad de información me hizo contemplar todo aquello antes que dirigir mi mirada a nuestro desconocido anfitrión.
Un anciano, gastado su tiempo de vida en el estudio, se hallaba sentado en un escritorio, inclinado sobre un enorme manuscrito. Percibí un pequeño temblor en sus manos, pues sostenía unos anteojos para poder leer.
McEller esperó unos segundos hasta que pegó con sus nudillos en la puerta del despacho. Fue entonces cuando el doctor alzó la vista. Se quedó contemplándonos largo rato, como si no reconociera siquiera a McEller. Tras su detenimiento, sonrió ampliamente mientras se levantaba. Sin una palabra, abrazó a McEller y lo condujo a algunos de los que parecían sus trabajos finalizados. El anciano parecía esperar impaciente alguna muestra de aprobación o admiración. McEller sonrió y dijo:
- Es fantástico, doctor, toda una maravilla – posó una mano en su hombro, e hizo el amago de acercarse a mí – Permítame presentarle a mi estimado Adam LeFroid.
- Es un honor para mí, señor…
- Grisam Burdock es el afamado doctor del que te hable – me explicó rápidamente McEller – Se tomó la libertad de investigar por su cuenta los pormenores del extraño caso en el que fuimos testigos. Si es tan amable, doctor…
Por fin, nuestro anfitrión alzó la voz para explicarnos todo aquello que había podido averiguar. Su voz era un estallido de entusiasmo infantil. A mis ojos aparecía como un niño, y su laboratorio era su patio de recreo personal.
Para mi sorpresa, tenía en su poder una copia de la autopsia realizada al pobre infeliz al que habíamos visto morir. Y decía lo siguiente:
Procedemos a realizar la autopsia del cadáver hallado en la noche del martes, 13 de septiembre.
No se ha logrado identificación alguna del cuerpo, por lo que ningún familiar lo reclamará. Su destino será el progreso de la ciencia.
El cuerpo se halla en un estado bastante maltrecho: presenta arañazos y mordeduras de la bestia causante del accidente por todo el cuerpo. Las ropas ajadas y el estado de las manos podrían revelarnos que ofreció una resistencia ante el ataque, aunque mínima. La víctima murió desangrada, a causa de una gran mordedura en el cuello. En el interior de su estómago se hallaron pocos restos de comida, y corrobarado por lo encontrado junto al cuerpo, grandes cantidades de alcohol.
Aunque todavía queda la incógnita de la bestia atacante, y no se ha podido identificar de ningún modo, ya que no presenta ningún rasgo semejante a ninguna criatura conocida.
Lejos de tranquilizarme o acallar mi curiosidad, se produjo en mi interior el efecto opuesto: mi inquietud creció en grandes magnitudes, y aparecieron nuevas incógnitas y curiosidades. Pero sabía que debía retenerlas en el deseo, antes de que acabara investigando o con la misma suerte que el desgraciado aquel.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

Escapar

Despertar en la mitad de la noche. Me siento inalcanzable en algún lugar desconocido, perdido del mundo. Nadie conoce mi camino. Solo se escuchan dos respiraciones. Tranquilas, y un suspiro. No es difícil encontrar su cuerpo, tibio y quieto, que se arropa en mí cuando me acerco para abrazarla.
Suspira.
Y se me escapa la sonrisa y pensamientos que al despertar no podré recordar. Tan solo quedará el calor que abriga el corazón. Y el saberse la persona más afortunada del mundo

martes, 11 de diciembre de 2012

Misterios


“Que los ángeles nos protejan de esta locura”

Ese fue mi primer pensamiento, del que me extrañé enseguida con rechazo. No es usual que recurra a las criaturas celestiales en ocasiones límites, pero bien parecía propio, pues la Bestia parecía traída de los mismos infiernos. Y así se calificó a la criatura en los días sucesivos. Por supuesto, el hecho no pasó desapercibido. Muchos avistamientos fueron comunicados a las autoridades y después llevados a los diarios de comunicación. Los eruditos y entendidos en animalia y estudios de las bestias lo denominaron como un lobo anormalmente grande y deforme. A la gran parte de la muchedumbre le satisfijo esta información, pero los más suspicaces no se dejaron guiar tan fácilmente.

Atendieron sabiamente a las macabras descripciones de la víctima, que había sido cruelmente torturada antes de caer en su descanso eterno. Tanto su cuello como la parte superior de su pecho había sido brutalmente maltratada, dejando correr la sangre de una manera pasmosa. Pero ahí entraba la segunda incógnita: su cuerpo y el lugar del ataque presentaban tan solo una cuarta parte de la sangre que habita generalmente en el cuerpo de un varón adulto.

Por supuesto, estos detalles no fueron recogidos por la prensa matutina o difundida por las autoridades encargadas en el caso. Todavía no son tan estúpidos como para dejar que corra el pánico de semejante manera. Una bestia de tal calibre, masacrando de tal manera a sus víctimas, propagaría la locura en todo Londres, cobrándose tan solo unos pocos días.

McEller me sacó de aquel entuerto, después de que la Bestia desapareciera en las sombras. Algunos vecinos de los alrededores alarmaron a las autoridades con sus aullidos histéricos, sin guardar un mínimo de civismo. Mi buen amigo se identificó como soldado de permiso en la capital, y me protegió como acompañante casual, salvándome de toda sospecha. Nos hicieron documentar todo aquello que pudieramos aportar ante un oficial, y nos despacharon a nuestros hogares. McEller y yo prometimos reunirnos al día siguiente para aclarar todo lo sucedido aquella noche, pues estaba borroso por la niebla de la incertidumbre y el temor.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Esa sensación de volver a casa, o algún lugar que en su día lo fue. De que has vuelto a un tiempo en que las cosas eran muy diferentes, todavía no sabría decir si mejores o peores. Solo diferentes.
Un calor en el pecho, adrenalina. Sentirse familiar cuando el cielo ya oscurece. Como ser dueño de las sombras, o simplemente una prolongación de ellas. Que son eternas y no hay cansancio que te derrote. Que no van a faltar las sonrisas mientras se pasea, escuchando tus propios pasos en el eco. Que reverbera, igual que los propios pensamientos, a lo largo de los altos edificios que te cobijan.
Y sentirse invencible, inmortal.

Y llega a ti, de improviso, deteniendo toda otra cosa que no sea retenerlo por el máximo tiempo posible. Pero resulta como la brisa fría en el amanecer. Se marcha después de unos pocos segundos, dejando una sonrisa, y el frío de la añoranza

jueves, 24 de mayo de 2012

La Bestia

¡Quería hacer de aquella noche algo glorioso! Y no iba a cejar en mi empeño. Después de acabados todos los trámites de mi condenado oficio, me ceñí la casaca y me encasqueté el sombrero. La noche es una amante de la que me es imposible cansarme. Y lo que es mejor todavía: nunca rechaza junto a ella el resto de las compañias que pueblan mi querida Londres. Y no quería hacer esperar más a mi viejo amigo.

¡Cuánto reíamos nada mas cruzar nuestras miradas! Supe en seguida que rememorabamos individualmente y a la vez conjuntamente todo lo vivido. Sin duda, no queríamos perder jamás nuestros recuerdos; sin ellos solo somos ceniza en movimiento. McEller había dejado atrás su uniforme, confirmando que deseaba pasar una noche con los mismos riesgos que cualquier bebedor empedernido. Nos entregamos al mayor frenesí que jamás viví, corriendo por los callejones, sintiendo que mi vida era tal, que amenazaba en escapar junto con mis risas.

Las horas se hacían interminables mientras, acompañados de una buena jarra de cerveza, me contaba las grandes hazañas de la guerra. No dejé escapar aquellos detalles que omitía explicar. La guerra es la guerra, y por muy enemigos que sean, McEller nunca perderá su sentido de la humanidad. Aunque a estas alturas, yo lo consideraría más bien gastado.

Volvíamos del hogar, agotados por fin de demasiado alcohol y conversación a viva voz. McEller se alzó de su silla tambaleante, tanteando en su chaqueta como primer gesto. Me quedé mirándolo embobado hasta que rompí a reír de forma estúpida. Entonces lo arrastré hacia las calles, medio contagiadas mis carcajadas.

Caminábamos de forma enseñoreada y sátira, intentando hacer huir el silencio que poblaba a dos horas escasas del amanecer Por pura torpeza, me desvié hacia un callejón desolado de vida. O al menos eso comprendí después. Callamos los dos, sin comprender todavía por qué.

Aguzamos el oído, incoscientemente, al percibir unos sonidos que no acertamos a indentificar ni a localizar. Me arrepentí de mi torpeza. En un pequeño farol cuya luz se aproximaba la muerte. Aquella lumbre nos dejó ver las extremidades inferiores de un cuerpo, que se convulsaba de un modo increíble. Los estertores de aquel cuerpo habían sido el foco de nuestros iniciales temores. Todo rastro de embriaguez desapareció: la engulló el miedo.

McEller avanzó como buen soldado, buscando socorrer al moribundo, pistola en mano. Aquello era lo que buscaba a tientas en su chaqueta. Se colocó a su altura, para seguirle un aullido atroz... O quizás fueran dos, ya que aquella voz del demonio no podría proceder de mi amigo. Pero en seguida encontré a su dueño. McEller apuntó a la vez que disparó, errando en su objetivo.

No podría definir aquello de ser humano o animal. Era una bestia atroz. A cuatro patas, esquivó al soldado que era mi amigo, se abalanzó sobre mí para apartarme de su camino. Tacto frío, como un peso muerto. La caída fue brutal, tanto que falló mi respiración durante muchos segundos. Aquellos ojos sobre mí, sus desgarradores aullidos bestiales... bastarían para alimentar las pesadillas durante toda mi vida. Como el lobo sobre su presa, esa fue la escena. Después de recuperarme de aquella semiincosciencia, palpé mi pecho, alla dónde ese ser postró sus garras y querer mandarme al abismo de una sola vez. Un líquido cuyo calor desapareció en un instante: la fuente de la vida, sangre.

No mía, si no de aquel infeliz que había sucumbido en aquel ataque. ¿Qué demonios era aquella criatura de pesadillas?

Grandes encuentros

"Maldigo a todas las falsas promesas de que no volvería a probarl el alcohol... ¿qué demonios ocurrió anoche?"

LeFroid amaneció al mundo de los mortales con una resaca atroz, intentado ocultarse de la insidiosa luz solar. Su estado era deplorable: la ropa a escaso tiempo de ajarse, su cabello parecía el de una fiera y su barba incipiente también. Todas las papeletas para aparentar ser un asiduo borracho y bribón. Pero LeFroid no era un simple bribón.

En su brusco despertar, había caído para sentarse en el suelo, en una pose totalmente indigna de un caballero. A medida que pasaban segundos que el ignoraba, una sonrisa estúpida afloraba en sus labios. Recorrió con la mirada sus aposentos, y notó la presencia de una carta en su escritorio, aún por abrir.


"Estimado amigo:
Te envío esta carta con especial urgencia para avisarte o quizá advertirte de mi llegada. Mis superiores, gracias a mis notables esfuerzos, han querido recompensarme con algunos días de descanso en nuestra querida ciudad. Ojalá no llegues a leer esta carta a tiempo, y así podré sorprenderte con mi presencia.
Si no te encuentro en tu casa, creo que ya sabré dónde encontrarte. Tenemos muchos temas de los que tratar, amigo mío.
Parto en seguida: la idea de poder volver a reunirme con mis amigos y familia me apremia como la vida misma. 

Esperando verte pronto,
Thomas McEller"

McEller... ahora recordaba. El había sido la luz de aquella noche. Tanta distancia y tanto tiempo entre ellos no era bueno, no era bueno en ninguna amistad. A su mente venían escenas que no concordaban ningunas con otras. Aunque no había mucha diferencia entre las noches del mes anterior a las del presente. Pero la llegada de McEller había cambiado todo.

Se prometió a sí mismo, tal vez en vano, mantenerse sobrio aquella noche para disfrutar de una compañia civilizada con su amigo el teniente. Pero ahora no podía perder más tiempo. Otros asuntos, carecientes de tanta importancia, le urgían. Y no podían esperar.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La libertad

Todo permanecía en silencio. Tras una cacofonía que no creía acabar jamás, llega el silencio. Junto con un frío aterrador. Aun así, quieta y tranquila, seguía sonriendo. Había huido de casa, llegado a mi con la esperanza de encontrar un nuevo rayo de esperanza. Poder escapar al terror que vivía. Ahora ya no está, sin duda ha cumplido su deseo. Tal vez ella no tuviera el valor para realizarlo por si misma.

Cierro los ojos esperando a que llegue de nuevo la quietud. Mis dedos entumecidos, y llegaba hasta nosotros la brisa fría del amanecer. Ella ya no podía sentirlo. Pero yo podía percibir muchas cosas. Algunas personas que estaban alrededor, escondidas en sus madrigueras todavía temblaban ante una amenaza desconocida.

Y sí, también esa rabia. Alguien llegaba con el corazón en un puño, dispuesto a averiguar, a despedazar cada rastro de humanidad en su frágil cuerpo. Quería ver su cara de horror, impotencia y rabia. Casi al mismo tiempo. Sentí ganas de reír ante esa imagen, pero no me dejarían escapar.

Parecen sentirse bien al ejecutar a los que consideran culpables. Se rebajan al mismo nivel. Y no comprenderían mi propósito, mi causa. No soy un asesino, soy un liberador. El guía, el que allana el camino hacia un final inevitable.

Demasiado joven para morir, dirían. Pero ya no le quedaba nada por vivir, tan solo tormento. Y nadie habría sido capaz de igualarme en misericordia para con ella.

Susurro al vacío

¿Y mi sombrero?

Hice un soberano esfuerzo para que mi mente, que parecía querer huir de mi prisión como mortal, volviera a mí y permitirme sufrir o disfrutar los placeres que sin duda me deparaba la noche. Sentía en mis manos una botella aún por terminar y una jovenzuela adormecida por el abuso del alcohol. No la culpaba, el ritmo desenfrenado de las calles de Londres agotarían a cualquier individuo poco preparado para cualquier cosa en este mundo.

Mis "compañeros", renovados en cada nueva aventura nocturna, maltrataban sus voces intentando alcanzar en su escándalo a los festejos más salvajes del mismísimo infierno. Sin motivo aparente, reí con alegría y desafuero: en mi mente se fraguaba la idea de como entrar en alguna de aquellas orgías de placer. En mi rostro seguía aquella sonrisa estúpida. Tan enajenado me encontraba que ni siquiera acerté a ver a mi amigo McEller.

- ¡Pequeño soldado! - me lancé sobre él sin ningún sentido del equilibrio - ¡Por fin te has dejado caer por Londres! ¡¡Un trago por mi amigo McEller!!

Vítores que acompañaban al ardiente licor corriendo por mi garganta. El soldado reía, también ebrio. Abrazados efusivamente, paseabamos como buenos bebedores, berreando sin sentido grandes hazañas de guerras inventadas.

No muy lejos de nosotros, el ring de boxeo empezaba a desbordarse. Con los bolsillos vacíos, los que apostaban a ciegas aprovechaban para poner pies en polvorosa.

- ¡La grande multitud quiere su dinero! ¡No seais tan ruines, por todos los demonios! - grité eufórico.
- ¡Creo que no sería mala idea seguir su ejemplo, viejo amigo! - McEller reía y a la vez recelaba.
Cierto era: aquella multitud pronto ardería en rabia.

Nos retiramos justo en el momento de recoger mi sombrero, que casi muere aplastado bajo un orondo beodo. Quiso la fortuna que no recibiera ningún golpe que me impidiera mi huída.

Fuera de aquel bareto infernal, los enfurecidos obreros cargaban y destruían todo aquello que consideraran burgués. McEller rió y se dejó caer en la calle principal, contra la pared. Mientras, me reajustaba la camisa y me preparaba para correr de nuevo.

Todo aquello era la verdadera Gloria. Y un servidor, nombrado Adam LeFroid, se inclina ante la noche como verdadero adorador y un eterno seguidor de sus placeres.

domingo, 20 de mayo de 2012

¿El final del camino?

Fue como volver a nacer.

Tranquilidad.
Sombra.
Libertad.
Temor.

Esas sensaciones se unian en una secuencia interminable, en apenas tiempo, en mi corazon. Aparecía por fin una esperanza en mi intenrior de volver a tomar las riendas de lo que era mi vida. Demasiado caos en tan poco tiempo, era arrollador. Pero no me sentía capaz de volver. Algo había cambiado. El miedo había desaparecido, en cierta medida, y había surgido una necesidad

Necesitaba conocer, saber que había ocurrido. Por qué me había ocurrido a mí. ¿Me encontraría de nuevo aquel hombre, lleno de misterio? Él había supuesto un cambio radical. Tal vez hubiera aliviado mis problemas de una vez por todas, o quizás los hubiera alejado de momento.

Entre todos esos pensamientos me encontraba, contrariada, confusa. Todavía cansada por todo lo vivido. Estaba en ese pequeño tugurio, con esa música que taladra el cerebro. Y los gritos del propietario tienen el mismo efecto.

Me ha parecido ver entrar a esa muchacha, rubia. Creo que es extranjera, por el nombre, y siempre me ha dado curiosidad. ¿Por qué no darnos una oportunidad para conocer a alguien nuevo? Mi vida estaba rota. Tal vez, si se acercase. Una broma a tiempo, o quizás una sonrisa. Algo que diera un poco de luz

viernes, 30 de marzo de 2012

Una luz

El tal Maksim no llego a aparecer, al menos no en esa noche. Estuve corriendo durante mucho tiempo, deseando que acabara aquello que comenzo en mi casa. Agradecia mas que otra cosa que Tegan no estuviera en casa. El aire en mis pulmones me quemaba

Ella, la muchacha que habia llegado para dejar atras aquel horror aparecio como si se tratase de una aparicion. No sabia que habia pasado con ella, ni siquiera sabia que iba a pasar con nosotras. Me deje caer en el suelo, rogando porque nadie nos encontrara, sabiendo de lo dificil que seria. Nadie habitaba la calle en ese momento, y eso era todavia mas aterrador.

Nadie escucharia los gritos en el momento, nadie podria ver como desapareciamos en un destino que desconociamos por completo. Eriel casi caia dormida en mis brazos, temblaba cada vez menos, y mientras la miraba y le acariciaba el pelo, podia ver como sus parpados caian pesados. Ojala tuviera un sueño tranquilo.

Volvia a estar en la casa. Mi cuerpo pesaba, apenas podia moverme. Y un miedo indefinido me llanaba al saber lo que ocurriria. La situacion escapaba de mis manos, como todo en los ultimos dias. Tegan estaba alli, y no podia advertir lo que estaba por llegar.
De nuevo escuchaba como el cristal y la calma aparente se rompian a una vez.

Desperte. Y ella no estaba. No recordaba haber quedado dormida, tan solo quedaba en mi pecho la sensacion de inseguridad, de que todo temblaba. Y aquel despertar era peor de lo esperado. Ni siquiera el refugio de un callejon apartado era suficiente. Ni mi hogar, ¿donde podia ir? Eran preguntas para responder con urgencia, pero otra persona reclamaba mi atencion.

Un hombre, con una actitud agresiva que tal vez no respondiera con la primera impresion. Con una sola mano, agarrandome del cuello de mi chaqueta, me alzo sobre el suelo. Comence a respirar con fuerza, todavia sin entender. Todo sucedia demasiado rapido.

- ¿Donde esta? - pregunto, iracundo. Me sostenia con fuerza, pero sin gran esfuerzo. Debia de ser como un minimo obstaculo, pero una gran molestia. Lo unico que pude hacer fue negar con la cabeza, mientras notaba que las lagrimas se escapaban de mis ojos, sin remedio.

Apenas pude ver como el apartaba la mirada de mi, con enfado, y dirigia su mirada hacia algo que habia en la entrada al callejon. Otro hombre, que observaba la escena sin moverse apenas. El que me tenia alzada me solto, lentamente, sobre el suelo. Cerre los ojos para no ver lo que sucedia despues, pero senti como me recogian y abrazaban. Me aferre a ese extraño, que sin palabras habia hecho desaparecer al que preguntaba por Eriel. Desprendia una sensacion de tranquilidad, la juventud que mostraba no le correspondia en absoluto. Y una sonrisa sosegada en sus labios.

S.

sábado, 11 de febrero de 2012

Blanco anochecer

Guardaba silencio, todavia aturdida. Le sobresalto casi el escuchar como me presentaba diciendole mi nombre. Lo repitio, saboreandolo entre sus labios, guardandolo en su memoria, "Susan". Entonces, compartio el suyo:

- Eriel

Ella coloco sus diminutas manos sobre las mias, que permanecieron como inertes, agotada por toda aquella incertidumbre. Habia abandonado el calor de mis brazos despues de escuchar mi pregunta. Fue entonces que senti algo muy especial, tal y como me sentia en aquellas extrañas situaciones. Algo fuera de este mundo, y me era imposible acostumbrarme a ello.

- ... Imagina... sentir ese calor... siempre, ¿sabes? - me dijo ella. Escuchaba su voz lejana, yo habia cerrado los ojos deleintandome en esa sensacion ultraterrena - Alli es como se siente, del lugar de yo vengo. Pero ahora... todo es diferente, y ya no se a quien creer... de entre todos...

Parecia confusa en su propio combate interior. Perdida, sola y en un lugar extraño, diferente a todo lo que conocia. Sin embargo, se habia dejado resguardar por mi.

- No dejan de seguirme - dijo interrumpiendo mis pensamientos, con ansiedad en su voz y en su mirada - Y casi nunca es el mismo. Tengo que volver a casa

Una ventana se rompio, dejando caer cristal y sangre. La figura que habia causado aquello rodo aparatosamente en el suelo, mientras la pequeña se refugiaba de nuevo en mis brazos. Me quede paralizada mientras la abrazaba con fuerza. Era una mujer, cuyo rostro bien podia reflejar el mismo terror que el mio. Me miro a mi, fugazmente, y despues a la criatura a la que intentaba proteger.

- Corre, estan llegando, ¡llevatela! - me grito, dejandome ningun margen para otras opciones. Obedeci sin rechistar, tomando la puerta lo mas rapido que pude. Desde lejos escuche como la "recien llegada" gritaba: - ¡Maksim, AQUI!

Como si lo hubiese invocado, un hombre, fornido y de gesto hosco, atraveso la puerta al caos que acababa de abandonar, que se lleno de gritos, golpes y la destruccion de mi hogar. No habia posado ni una mirada en mi ni en mi protegida, cosa que me alivio.

El frio de la ciudad nos acogio con menos hostilidad que lo que consideraba un lugar seguro

S.

lunes, 6 de febrero de 2012

Aguardando

Esta ciudad es un hervidero de locura. Estan los altos edificios, y la gente, miran hacia el suelo mientras caminan muy deprisa. Apenas se dan tiempo para ver lo que hay entre el suelo y el cielo, apenas se dan tiempo para mirarse entre ellos.

Yo no dejo de buscar, sabiendo que puedo haber perdido su rastro para siempre. Sigo aguardando, en el lugar que seria morada de nuestro ultimo encuentro. Pero nunca llego a aparecer. No me bastaba con el pensamiento de que nuestros encuentros no deseaban ser repetidos, debia de haber algo mas. Su sonrisa lo confirmaba, su serenidad mientras nos deleitabamos en nuestros silencios.

Las pesadillas en esta ciudad cobran vida, al amparo de la noche y a la fria luz del dia. Ellos se la llevaron, me la arrebataron de mis brazos, en esta urbe que es otro monstruo que devora todo a su paso. Crece y destruye, y nadie lo percibe. Pero yo sigo esperando, algun dia ha de aparecer, de entre el laberinto de sombras y niebla de esta ciudad cubierta por la nieve