domingo, 1 de marzo de 2009

Horas

Silencio... no se oye otra cosa. El reloj me muestra que ya es avanzada la noche, prácticamente de madrugada. El televisor sigue encendido aunque no muestre nada: la película hace tiempo que ha terminado. Los ojos se entrecierran, queriendo ser vencidos por el sueño a esta hora. La espalda entumecida por la misma posición durante horas... Como si hubiera leído tu pensamiento, ella se recoloca sobre mi pecho. Tendido sobre el sofá, ella está recostada sobre mi, totalmente dormida.

Respiro tranquilo y suavemente deslizo mis brazos sobre ella, en un pequeño arazo que no interrumpa su sueño... La tarde había sido difícil. Cansada del trabajo, llegó a casa con un humor claramente bajo. Como siempre, yo revolviendo mis libros. Una pequeña discusión, que encoge el corazón, pero que en un final queda en nada. Cuando el sol se retiró a descansar, buscamos un lugar en el que pudieramos estar juntos, sin mediar palabra.

Ahora duerme, tranquila, ya resuelto el problema... Con mis errores, con los que cada día lamento causarte daño... La mira hacia un futuro está puesta, y espero que algún día aceptes.

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