miércoles, 19 de agosto de 2009

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"Mi vida en manos de aquel que dice ser dios"

Poco tiempo, y solo una triste sonrisa para combatir el miedo que bulle en su interior. Su muerte anunciada llega de una voz de ultratumba, o quizás desde el cielo infinito.

Ciudad gris, le robaron su color. Los pasos no conducen a ningún lugar, sino a una persona. Las lágrimas no saltan ahora, pero si cuando se vio en sueños. Las manos presionan en la cabeza, intentando buscar algún sentido. Quiere gritar.

La marca, la herida que recuerda lo que esta por llegar, continua su pulso, minando la tranquilidad, la calma. Haciendo estallar el humor, quebrando la imagen que quiere dar.

Caricias devueltas, palabras en susurros, y una distancia que no quieren agrandar. Un adiós número cinco.

Muere

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