viernes, 14 de agosto de 2009

Todos van al cielo

La luz azulada parpadeaba en la oscura habitación, iluminando a los dos soñolientos espectadores, atentos a medias a cualquier cambio de luz que evitara que se cerraran sus párpados.

De vez en cuando caían miradas entre sí, siempre huyendo la una de la otra, cuando la suerte las dejaba coincidir.

Hasta que ella decidió no apartarla, y atrajo la de él, para no dejarla escapar. Poco a poco, acercándose, hasta unir sus labios en un beso dulce, como nunca quisieron olvidar.

Separados lentamente tras unos segundos, y unidos en un tierno abrazo, el cual no quiso acabar.

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