jueves, 16 de julio de 2009

¿Dónde está...?

Las cadenas traqueteaban en el descenso. La vieja tartana que tenían por ascensor caía lentamente, alternando entre luz y oscuridad a la figura que se encontraba en el interior. Vestida de tinieblas, en su rostro se podían definir dos ojos, cerrados, que bajo los párpados iluminaban con la luz de las estrellas.

Los viejos hierros retumbaron, los grandes focos que iluminaban su descenso al infierno titilaban. Ambos ojos se abrieron, iluminando con su propia luz la oscuridad creciente. También se abrió la sonrisa, si es que aquello podía sonreír.

El viejo ascensor se detuvo, y la música y el furor de la multitud oyente se extendieron por sus sentidos. Se mezcló entre ellos, como la Sombra, buscando algo aún sin saberlo.

Al fin encontró: un joven espectador, atónito ante el seguramente nuevo ambiente en el que se encontraba. Media sonrisa pintada en su rostro, fascinado de verse oculto en aquel lugar.

No lo vio llegar, ni siquiera se borró su sonrisa. Tan solo pudo ver aquella luz sobrenatural abalanzarse sobre él. Y un manto, detrás de aquella criatura, que lo envolvió, asfixiándolo en la negrura.

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