miércoles, 29 de julio de 2009

Las puertas de piedra

La salvación estaba próxima. Solo debían cruzar el angosto puente para hallar el pergamino que les permitiría salir de las catacumbas de una vez.

El joven guerrero, que había abandonado su espada sabiéndola inútil, siguió los pasos del mago, que mas que caminar parecía deslizarse.

No podría apartar la mirada del puente, sabía que mirar a otro lado supondría la muerte. Cada paso, cada movimiento, en ello le iba la vida. Cerró los ojos, guiándose tan solo de un equilibrio que comenzaba a ser perfecto. Nada escuchaba, poco sentía salvo el aire frío que parecía llegar del helado infierno.

Se sintió aire, volaba podría decirse. Hasta que a través de sus párpados llegó un brillo rojizo. Abrió los ojos, y el atril se hallaba frente a él, con el sabio mago detrás esperando que lo tomara.

En sus manos el conocimiento del universo, que, demasiado valioso para que alguien lo obtuviese, comenzó a arder, devorando también al guerrero que era cómplice de su secreto.

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